miércoles, 14 de marzo de 2012

Marquemos la diferencia

Mi hija de 9 meses le tira de los aritos a María, la hija de mi amiga R. Es que mi hija no tiene aritos. Y creo que le gustan y yo no le puse. No es que no me gusten (bah, no me gustan). Pero en realidad lo que no soporto es la idea de pincharle las orejas a una beba para "diferenciarla" de los varoncitos. Como si ser varón fuera algo tan escandaloso.
O es al revés? Hay que diferenciarlas porque las terribles son ellas? Como sugiere mi amiga L, por qué no les pintamos la boca con rouge a las bebitas, así nadie se confunde por la calle? Francamente, me parece una buena idea: es mucho menos invasivo que el tema de los aritos y contribuye al mismo fin. Diferenciarlas.
Porque no basta con vestirlas de rosa, llenarles la cuna de muñecas, el cuello de volados y la cabeza de brochecitos y colitas. No, señor. Hay que agujerearlas, marcarlas de por vida. Como dice con notable lucidez J, el amigo de mi marido: Así ya les quedan, viste?
Y qué tal si a mi hija le gusta el piercing en el ombligo cuando crezca? Se lo debería hacer ahora, así ya le queda? Y un tatuaje en el antebrazo? Así ya le queda y no se tiene que tomar la molestia de ir a la Bond Street cuando crezca!

martes, 13 de marzo de 2012

Mi barquito sigue anclado

Dentro de veinte años estarás más arrepentido de las cosas que no hiciste que de las que hiciste. [...] Así que aléjate del puerto seguro. Explora. Sueña. Descubre.
Semejante afirmación de Mark Twain no pudo menos que hacerme reflexionar. Y confieso que me hizo sentir remotamente culpable.
Exploro? No mucho. Sueño? Sí. Descubro? Dudosamente.
Sospecho que pasé muchos años de mi vida explorando y descubriendo, escapando a esa sensación de puerto seguro. Pero eran exploraciones sin objetivo, desarticuladas, sin alma. Y siempre volvía a un puerto seguro.
Debo admitir que lo que más temo aún explorar es lo que sé que me va a obligar a soltar amarras de verdad. Y tengo miedo de ahogarme.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Hoy no entiendo

- No entiendo a las mujeres que tienen un hijo cada 9 meses porque "así te sacás el tema de encima, viste? Todos los pañales, las mamaderas, las enfermedades, las diarreas, las 50 levantadas por noche y los 30 kilos de más, lo hacés por unos años y después nunca más!", dicen, entusiasmadas y convencidas. Digo yo: te queda vida después de esos añitos felices? Y si el objetivo es "sacarse el tema de encima"... no es más fácil empezar por no tenerlos??
- En el mismo rubro de incoherencia, no entiendo a las madres que tienen un hijo atrás de otro y salen corriendo a trabajar 14 hs por día cuando la criatura no tiene todavía el peso de una colita de cuadril, porque "no soportan estar todo el día en la casa" (lógico, con los argumentos que esgrimen en el punto precedente yo haría lo mismo)
- No entiendo a la gente que come provoleta de entrada, asado con fritas de plato principal y mousse de chocolate de postre, pero toma el cafecito con edulcorante. Aplica lo mismo con las gaseosas light, los jugos dietéticos, etc.
- No entiendo a la gente que cree que "el tiempo para ellos" es el tiempo que pasa lejos de sus hijos o de sus parejas: no sería eso "tiempo para el profesor de tenis", "tiempo para los compañeros de fútbol", "tiempo para los amigos piratas" o "tiempo para boludear con mi amiga"?
Cuál es el tiempo para uno y cómo se define exactamente?

miércoles, 26 de octubre de 2011

Dejá vu de los sentidos

Cuando estaba embarazada pasé los primeros 4 meses sintiéndome pésimo, con asco y dolor de cabeza. Nada de eso es novedoso (I know), pero lo particular del caso es que hay música que escuché en esos meses que cuando vuelvo a escucharla ahora me siento de nuevo igual de mareada y asqueada. Hay varios temas que se me arruinaron para siempre, como Fire with fire de Scissor Sisters (me provoca náuseas automáticamente en cuanto empieza el organito) o Solo un momento de Vicentico.
Es un poco como comer nísperos o pensar en nísperos si cuando eras chica te empachaste de nísperos una tarde con tu abuela en el campo y terminaste vomitando toda la noche.
Nunca más nísperos.

domingo, 11 de septiembre de 2011

De Construyendo

No es que tenga una identidad muy clara, ni que siempre haya sabido lo que quería. Es solo que al estar con alguien, automáticamente sabía que quería lo contrario.
A los 15 años tuve un novio rockero, que curtía boliche under y bermudas grunge: en poco tiempo me convencí de que en realidad lo me gustaba era el pibe canchero con jeans, alpargatas y medio nabo, el chico bien. A mi novio lo volví loco con el look, lo perseguí con los cortes de pelo y la afeitada diaria hasta que no dio para más. Él no cambió y yo tampoco. A los 3 años lo dejé por un estudiante de ingeniería.
Durante años creí que con el ingeniero teníamos todo en común, hasta que me pareció aburrido, estructurado, y me di cuenta de que necesitaba otra cosa: después de pasearlo por un par de recitales lo cambié por un chico de barrio, que curtía la birra y los Redondos. A ese lo traté de encaminar hacia el estudio porque me pareció demasiado vago: le insistí para que dejara el laburito de mensajero y se metiera a estudiar cocina, que era lo que le gustaba.
Después vinieron un par de personajes para el olvido, y cuando empezaba a sentir que no iba a encontrar nunca a la persona que no tuviera que cambiarle nada, llegó él. Y no es que no tenga nada para cambiarle, sino que es la primera vez que quiero cambiar yo para que no hayan más cambios.